{"id":4173,"date":"2018-05-04T03:31:30","date_gmt":"2018-05-04T03:31:30","guid":{"rendered":"https:\/\/satch.cl\/?p=285"},"modified":"2018-05-04T03:31:30","modified_gmt":"2018-05-04T03:31:30","slug":"en-defensa-del-melodrama","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/devnow.cl\/satch\/2018\/05\/04\/en-defensa-del-melodrama\/","title":{"rendered":"EN DEFENSA DEL MELODRAMA"},"content":{"rendered":"<div class=\"initial-letter\"><p>Vamos a hablar de lo que llamamos \u201caberraci\u00f3n hist\u00f3rica y renovaci\u00f3n postmoderna del melodrama\u201d.<br \/>\nEl melodrama, si bien se sabe que <a href=\"https:\/\/es.m.wikipedia.org\/wiki\/Hip%C3%B3lito_(obra)\">Hip\u00f3lito<\/a>, de Eur\u00edpides, ya tiene soluciones del g\u00e9nero, toma cuerpo y recorre el mismo proceso del romantic\u00edsmo que tuvo su inicio en Alemania con el tormentoso y af\u00edn t\u00edtulo de <a href=\"http:\/\/www.mcnbiografias.com\/app-bio\/do\/show?key=klinger-max\">Max Klinger<\/a>, <em>Tempestad e Impulso<\/em> (Sturm und Drang) (1776), r\u00f3tulo que da nombre y sentido a todo un movimiento de renovaci\u00f3n espiritual,revive realmente en Francia con la versi\u00f3n del mito de Pigmali\u00f3n, de Juan Jacobo Rousseau, y termina de cuajar como g\u00e9nero alrededor de 1800 de la mano de <a href=\"http:\/\/www.mcnbiografias.com\/app-bio\/do\/show?key=guilbert-de-pixerecourt-renato-carlos\">Gilbert Pix\u00e8r\u00e8court<\/a> (1773-1844).<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"ENTREVISTA AL GUIONISTA  GERARDO FERN\u00c1NDEZ GARC\u00cdA EN LA CCE\" width=\"640\" height=\"480\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/o_1sinf1wTU?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>Representante del romanticismo dentro del teatro, tampoco hay que esforzarse mucho para identificar en el melodrama las influencias de los modos de la literatura g\u00f3tica. Mucho le debe parte de su est\u00e9tica y prop\u00f3sito de elemental conmoci\u00f3n a creadores como Horacio Walpole y a su esposa Mary Gudwin Shelly, autores respectivamente de <em>El Castillo de Otranto y Frankenstein<\/em>, como pudieron apreciar los espectadores de las telenovelas brasile\u00f1as en <em>El hombre Lobo<\/em> de Roque Santeiro, en el misterio de la habitaci\u00f3n siempre cerrada de<em> La sucesora,<\/em> o en el lun\u00e1tico de <em>Te odio mi amor.<\/em><br \/>\nPero de mayor significaci\u00f3n que este antecedente es el proceso hist\u00f3rico-ideol\u00f3gico que tiene lugar en la base filos\u00f3fica que sostiene al romanticismo, y por ende al melodrama.<br \/>\nComo es de inferir, aunque breve, el romanticismo tuvo una primera etapa muy combativa; signific\u00f3 el enfrentamiento con el ya acartonado o muy r\u00edgido clasicismo. Fue la expresi\u00f3n art\u00edstica de lo que en el nivel pol\u00edtico suced\u00eda en el combate de la burgues\u00eda revolucionaria contra la aristocracia. Desencantada luego la burgues\u00eda intelectual con los ideales de la Revoluci\u00f3n francesa, se refugi\u00f3 en s\u00ed misma, elev\u00f3 a\u00fan m\u00e1s lo individual hasta alcanzar niveles supremos y no hubo aspecto de la vida que dejara de adquirir categor\u00eda de leyenda o de f\u00e1bula; puso sus ojos en el pasado heroico nacional, es decir, volvi\u00f3 al medioevo; asumi\u00f3 con esto una actitud de negaci\u00f3n hacia el racionalismo, y se nutri\u00f3, y desde entonces se nutre, de la imaginaci\u00f3n, de los sentimientos, del culto a lo misterioso, como ya vimos, y de las posibilidades del milagro.<br \/>\nEn s\u00edntesis, ya sabemos qu\u00e9 estilo produce actitudes humanas como el individualismo y la subjetividad, la falta de l\u00f3gica, el sentido del misterio, el escapismo, el reformismo, el sue\u00f1o, la fe, el culto a la naturaleza, el regreso al pasado, el pintoresquismo y la exageraci\u00f3n; pero nos parece que huelga mayor argumentaci\u00f3n para hacer ver que el melodrama, como cualquiera de los otros cinco g\u00e9neros dram\u00e1ticos restantes, expresa exactamente eso, actitudes de las personas, aun cuando las de aquel puedan no contar con nuestra simpat\u00eda. He ah\u00ed su legitimidad; pero tambi\u00e9n el acomodadizo y condescendiente material que facilita la tendencia oportunista a la apelaci\u00f3n a los sentimientos primarios de los semejantes con fines de aceptaci\u00f3n a cualquier precio, y su est\u00edmulo a la frivolidad y a la simpleza. Con esto queda justificado el rechazo de los m\u00e1s rigurosos, de los que ven en el arte una posibilidad de crecimiento espiritual, de los que saben al ser humano perfectible y lo colocan por sobre cualquier otro inter\u00e9s.<br \/>\nPero la luz para empezar a dilucidar desde el punto de vista t\u00e9cnico la anomal\u00eda que ha sufrido el melodrama hist\u00f3ricamente nos la proporciona una frase del libro T\u00e9cnica del montaje, de Carlos Pi\u00f1eiro:<br \/>\n\u201c<em>El tono pat\u00e9tico y exagerado del melodrama se hace insoportable cuando es tratado con la contenci\u00f3n de la pieza\u201d<\/em><br \/>\nUna precisi\u00f3n especializada de este juicio explicitar\u00eda: cuando es tratado como un g\u00e9nero realista. Eso es exactamente lo que ha sucedido, el melodrama asumido como si fuera una tragedia o una pieza, aspirando a un rigor y a una profundidad tem\u00e1tica para las que los c\u00e1nones del primero, sus soluciones, no est\u00e1n preparadas, toda vez que son el resultado de lo fortuito, es decir, a trav\u00e9s del deus ex machina, de un elemento externo, m\u00e1gico, milagroso o casual, y no como consecuencia de las acciones dram\u00e1ticas con las que se estructura.<br \/>\nEse af\u00e1n de verismo que indebidamente ha acompa\u00f1ado al melodrama desde mediado del siglo XIX ya ven\u00eda intent\u00e1ndose, pero podemos imaginarnos que se escuchan las palabras regocijadas de quien lo consolid\u00f3, Alejandro Dumas hijo:<br \/>\n\u201c\u00a1Tout va tres bien!\u201d&#8230;<br \/>\nLa literatura dram\u00e1tica, aunque a\u00fan el novelista Gustave Flaubert no exhib\u00eda su recurso de objetividad, hab\u00eda llegado a un estado de realismo muy avanzado, pero Dumas hijo retroced\u00eda y estrenaba en 1848, con enorme \u00e9xito, La dama de las camelias. Un tema de vocaci\u00f3n realista, pero con soluci\u00f3n casual (recordemos el recurso de la enfermedad de Margarita); de manera que no surge, como queda dicho, de la acci\u00f3n dram\u00e1tica, sino que pone en mano de Dios la soluci\u00f3n del conflicto. T\u00edpica apelaci\u00f3n no realista del melodrama.<br \/>\nNadie se hab\u00eda atrevido a dar un salto tan riesgoso. De modo que si el apasionado Rousseau, el aventurero y prol\u00edfero Pex\u00e8r\u00e8court y los seguidores de ambos hab\u00edan asumido la utilizaci\u00f3n de la m\u00fasica como elemento dram\u00e1tico-expresivo, el misterio g\u00f3tico, los vengadores h\u00e9roes populares y los ambientes ex\u00f3ticos como artificio, y por tanto sin pretender verismo alguno, Dumas hijo traicionaba ese esp\u00edritu de puro divertimento justiciero y actitud anticlasicista, y sellaba una corriente literaria aberrada al abrirle las puertas \u2013o los escenarios- a la sensibler\u00eda con su oportunista y caprichoso empe\u00f1o realista.<br \/>\nCon Alejandro Dumas hijo el melodrama pretendi\u00f3 entonar el canto a los dioses propio de la tragedia, pero como todo imitador ha tenido que arrostrar su imagen de caricatura y ep\u00edtetos como \u201cmelodram\u00f3n\u201d, \u201cculebr\u00f3n\u201d, etc\u00e9tera, en se\u00f1al de su desprestigio; s\u00f3lo por hacerse pasar por un g\u00e9nero realista. No lo es. El m\u00e1s elemental sentido com\u00fan nos est\u00e1 indicando que estamos en presencia de un divertimento, que \u00fanicamente podemos hacerlo digerible y hasta convertirlo en una pasatiempo agradable, si somos capaces de hallar lo que parece que fue la conclusi\u00f3n inteligente a la que llegaron los colegas de la televisi\u00f3n brasile\u00f1a en sus mejores trabajos, puesto que tampoco todas sus telenovelas tienen el rigor de un perfecto manejo del g\u00e9nero.<br \/>\nDesde luego que ese hallazgo \u00fanicamente ha consistido en ajustar el melodrama a sus par\u00e1metros originales, sin verismo pretencioso que, por estar fuera de lugar, lo ha hecho caer hist\u00f3ricamente en la sensibler\u00eda. Como un juego, que es exactamente la gama de posibilidades que nos ofrece el melodrama.<br \/>\nA\u00f1ad\u00e1mosle a los brasile\u00f1os el magn\u00edfico trabajo estructural de cambios programados dentro de la estructura cl\u00e1sica o aristot\u00e9lica. Unas m\u00e1s y otras menos, la mayor\u00eda es eficiente, ateni\u00e9ndose su \u00e9xito m\u00e1s a lo que se acaba de decir que a sus grandes costos de producci\u00f3n.<br \/>\nDe ellas, si hubiese que destacar un paradigma, Roque Santeiro\u00b8 por su visi\u00f3n postmodernista, por buscar y ofrecer sus ra\u00edces nacionales sin localismos incomprensibles, porque se r\u00ede con desenfado de s\u00ed misma. Un excelente ejercicio intelectual que divierte y aporta, que entronca con una tradici\u00f3n literaria y art\u00edstica genuina y universal, la s\u00e1tira, la parodia.<br \/>\nPor otro lado, con el presentimiento de hallar algo \u00fatil, habr\u00eda que estudiar con detenimiento y gen\u00e9ricamente el teatro del cubano H\u00e9ctor Quintero, por lo bien que se ha estado moviendo en ese campo a veces impreciso entre la comedia y el melodrama. V\u00e9ase s\u00f3lo una de sus obras, las exageraciones pat\u00e9ticas de personajes entra\u00f1ables y las casualidades en <em>El premio flaco<\/em>.<br \/>\nEn la edici\u00f3n de 1979 de su Teatro, de la Editora Arte y Literatura, H\u00e9ctor se queja de que las puestas en escenas europeas desvirtuaron el sentido de su obra por haberlas montado resaltando \u00fanicamente sus aspectos melodram\u00e1ticos, \u201cal estilo, dice el mismo Quintero, de los m\u00e1s amelcochados dramones del peor cine comercial latinoamericano\u201d.<br \/>\nPero m\u00e1s arriba hab\u00eda confesado su correcta intenci\u00f3n: \u201c<em>Ninguna escena de esta obra deber\u00e1 producir l\u00e1stima en el espectador, sino reflexiones. Esta pieza no es un melodrama ni en sus escenas m\u00e1s cercanas a \u00e9ste. En todo caso posee personajes y situaciones melodram\u00e1ticas, pero esto en un sentido criticista. O sea, no es para resaltarlo (el melodrama), sino para burlarlo\u201d.<\/em><br \/>\nDicen que los autores no saben explicar lo que hacen. Por l\u00f3gico prejuicio con la aberraci\u00f3n hist\u00f3rica del g\u00e9nero, el teatrista reniega de esa etiqueta desprestigiada, pero usa sus soluciones fortuitas: el punto de giro de la estructura es la balita dentro del jab\u00f3n que proporciona una casa a Iluminada, la protagonista; y el pre-cl\u00edmax o escena necesaria, el bombardeo que casualmente le destruye dicha casa. Equivale a decir que utiliza soluciones que vienen de arriba, de Dios, de afuera de la obra, y por tanto esto las convierte en soluciones no realistas. No se ve obligado a dar explicaciones probatorias de los sucesos, \u201cesto es un juego\u201d, parece decirnos; y para desensibilizar sus entra\u00f1as no s\u00f3lo exagera sino que se burla al estilo del gran humanismo. No hay que olvidar que lo c\u00f3mico en Chaplin brota de la frustraci\u00f3n de sus personajes. Todo lo anterior hace a Quintero acertar con el tono exacto de lo que debe ser un melodrama actual.<br \/>\nEn nuestra \u00e9poca todo es renovaci\u00f3n, cambio, pero tambi\u00e9n continuidad. Nada nace de la nada, pero lo que nace tiene que desprenderse de lo in\u00fatil; en este caso del realismo impropio del melodrama, y quedarse con lo esencial, sus soluciones de divertimento, sus estereotipos. Esa ser\u00e1 la gran l\u00ednea de continuidad que habr\u00e1 de llevarlo adelante.<br \/>\nNadie que conozca la din\u00e1mica que ha impreso el melodrama, con su flexibilidad de artificio al panorama dram\u00e1tico, puede estar en su contra en la actualidad, pero s\u00ed de la aberraci\u00f3n que lo ha hecho rid\u00edculo.<br \/>\nEl postmodernismo, si algo bueno nos viene ense\u00f1ando, es que para abordar en estos tiempos el melodrama sin burlarse del espectador ni caer en el facilismo, hay que tener talento. Pi\u00e9nsese en Pedro Almodovar y el uso que le da a la sensibler\u00eda, al pastiche, o en Woody Allen ri\u00e9ndose de los propios mecanismos que usa, o en el caso citado del teatro de H\u00e9ctor Quintero. Hay en ellos un regusto por la exageraci\u00f3n, una visi\u00f3n cari\u00f1osa, pero sarc\u00e1stica, enjuiciadora por momentos, pero siempre divertida.<br \/>\nDesde luego que tampoco hay que asombrarse en este retornello ahora postmodernista. Recordemos que de la alienaci\u00f3n emanante de los libros de caballer\u00eda naci\u00f3 como parodia el Don Quijote. \u00a1Magn\u00edfica telenovela! Con su pasi\u00f3n de necesaria idealidad por Dulcinea del Toboso. Apenas le faltar\u00edan unas cuantas acciones dram\u00e1ticas subordinadas tan emblem\u00e1ticas y divertidas como su acci\u00f3n-base.<br \/>\nEl aberrante melodrama a lo Alejandro Dumas hijo limita los temas y enajena al espectador. En cambio, si se abre el diapas\u00f3n en cuanto a las propuestas y sus est\u00e9ticas, se evidenciar\u00e1 que a las relaciones entre el libretista o guionista, el p\u00fablico y el productor, las benefician incuestionablemente m\u00e1s la empat\u00eda que caerse obligatoriamente simp\u00e1ticos. Lo est\u00e1 demostrando el caso citado de Brasil con sus atrevidas telenovelas recorriendo el mundo. Se debe estimular a un espectador activo, cr\u00edtico, que ejerza sus posibilidades de an\u00e1lisis, es decir, debemos respetar su inteligencia.<\/p>\n<p>Por todo lo hasta aqu\u00ed analizado pensamos que si la modalidad contempor\u00e1nea del arte dram\u00e1tico donde ha ido a refugiarse el melodrama, la telenovela, asume el cambio, y por tanto es tratada alg\u00fan d\u00eda con la amplia perspectiva art\u00edstica que deseamos para ella, \u201cest\u00e1 a\u00fan por dar sus mejores frutos\u201d, como se pudo leer oportunamente en un reclamo de la prensa especializada venezolana.<br \/>\nTexto escrito por:<br \/>\n<em>Gerardo Fern\u00e1ndez Garc\u00eda, dramaturgo, guionista y profesor titular de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicaci\u00f3n Audiovisual (ISA), de la Universidad de las Artes de Cuba, profesor de Dramaturgia y Gui\u00f3n en Casa de la Cultura \u00abBenjam\u00edn Carri\u00f3n\u00bb en Quito Ecuador.<\/em><\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vamos a hablar de lo que llamamos \u201caberraci\u00f3n hist\u00f3rica y renovaci\u00f3n postmoderna del melodrama\u201d. 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